Marzo

By Sol Iametti - miércoles, abril 04, 2018



12 de marzo de 2018. 
Volver a nacer.

Hoy llegó Gabi a La Casa. Al fin pudimos ponerle rostro y voz a este lazo azul que nos une hace tiempo indefinido.
Mesa de tres mujeres y cine italiano. Recordamos "Venuto al mondo" y "Trois Couleurs Bleu". Abro el diario y encuentro trozos aún vivos de mi viaje. Descubro una postal olvidada. Tickets de métro. Una ilustración de Café El Sur. La entrada de "Imagine Van Gogh". Las grandes transformaciones de mi vida fueron precedidas por un viaje.
Tomo la primera fotografía del desafío analógico y la dejo en la misma orientación que ofrenda el móvil. A veces no importa el sentido de lectura para llegar a destino.
Faltan 17 días para Montevideo. Ya somos. Repito hacia dentro: los viajes son mi rito de pasaje.
El título que le dieron a "Venuto al mondo" en español es "Volver a nacer". Todo se relaciona con el Todo.




13 de marzo de 2018. Día 2.
Los primeros fríos.

Ya casi el otoño. Caminamos por el jardín botánico. Quedo prendada en los detalles (como me ha pasado durante toda la vida). Gabi hace una observación sobre mi pelo: "guerrera de los bosques", dice. Sonrío y levanto la mirada hacia los cielos de marzo. La imagen que congelo con mis ojos es posterior a ese momento y a la contemplación de la escultura de "Los primeros fríos". La imagen es flores como campanas. Por un segundo pienso en cuánto me gustaría que escucharas esta melodía conmigo, pero rápidamente todo sigue, y el mundo.
Hoy ha sido un buen día. Si tuviera que asignarle una canción sería 'Mystery of Love' de Sufjan Stevens: "Blessed be the mystery". Bendito sea el misterio del amor.




14 de marzo de 2018. 
'Save me'.

La música siempre ha sido mi miembro fantasma.
De este lado ha comenzado la lluvia. Se desliza 'Wild Horses' en una versión ágil y noventosa de 'The Sundays'. Abro el diario de Katherine: "¿Qué será de este mes querido?". Casi en sumultáneo busco en el diario dos frases que llegaron a mí hoy por la madrugada (y que prometí memorizar hasta la mañana siguiente ante el cansancio del cuerpo):
¿Qué es lo que escuchas cuando miras? ¿Qué es lo que cantas cuando tocas el cuerpo del que amas?
La música es mi llamado a la conmoción. Una señal, un rastro que dejo de mí para mí-misma. Al igual que la escritura: una ofrenda de paz.




15 de marzo de 2018. 
'Le charme discret'.

La música vino antes que el habla. 
Observo a las parejas moverse al compás del contrabajo. Sari menciona la libertad de los cuerpos. Pienso indefectiblemente en la niña que bailaba persiguiendo esa búsqueda, casi como si empezar a caminar fuera solo un medio para llegar a la danza.
Hago un breve y fugaz retroceso para rastrear el momento preciso en el que cedí esta libertad. ¿Cuándo fue que comencé a censurar(me) a mí misma? ¿Acaso no es ésta la peor de las censuras: la que nace en un pueblo anónimo que se esconde entre el vientre y la memoria?
Observo entonces la destreza de las manos del hombre sobre las teclas del piano y mis pies actuando con total independencia del resto de mi cuerpo. Son los primeros en elevar la bandera de la revolución, de una necesidad, de la restauración de aquella libertad cachorra, como quien desenpolva una vieja caja de fotografías marchitas que han sostenido su belleza por sobre paso del tiempo.




17 de marzo de 2018.
El 17 de marzo de 2018, a la 1.37hs. de la madrugada, terminé de leer el diario de Katherine Mansfield.
Algunos libros resultan en autoexpedición. Nombran lo que intentamos decir, incluso mucho antes de haberlo elaborado como pensamiento nato.
Vértices plegados como marca de valor poético. Fragmentos iluminados emergen como anotaciones sobre la tormenta silenciosa. La salud, el milagro, la realidad viva y el amor se convierten en hazaña íntima y existencial.
"Deseo, al comprenderme a mí misma, comprender a los demás", arroja K. desde la página 288 de su diario. Leer a otras mujeres produce esto: una emoción ardida, la de encontrarnos milagrosamente en la realidad viva de la otra, más allá del tiempo, más allá del lugar.




18 de marzo de 2018.
Sábado: Ausencia de paisaje analógico. La mesa de madera y las conversaciones con Ga. Repartimos las flores en frascos de cristal y compartimos un mate como rituales de un tiempo anterior al ayer.
Por la noche, hacerme conciente de la mirada. La seducción como algo natural y no como algo restringido. Rotar en los brazos de los hombres mientras el cuerpo se prepara para dejarse atravesar por la música. Ser libre.
Domingo: el azul que invade la atmósfera, derramándose sobre el tiempo y las cosas. Azul en la noche. Esfera azul. Azul real. El rostro de Joni Mitchell acariciado por el azul. La frase de un film que alienta "comienza por los bordes y busca los puntos azules".
El viento que conmociona después de la lluvia trae ese anhelo de mar del que habla Ga. Mis momentos de libertad no son azules. Sí lo son esos instantes posteriores en los que el rastro, la sensación o la sabiduría decantan como el agua.




19 de marzo de 2018. Lunes. 
Mis brazos dibujan semicírculos hoy. El viento empieza a desprender las hojas del otoño último. Antes de que tu boca se quebrara sobre el cuello, yo ya sabía el futuro. Llegaría Blau como ese afán de escribir sobre los vidrios empañados. Hubo palabra y no de tiza. Entonces las bocas se quebraron sobre la madrugada, tan solo unas horas después de aprender a nombrar mi color en otro idioma.
La última vez que nos vimos tuve miedo. Omití decirte cosas importantes como "sí que hubo querencia" o "gracias por el anhelo de los mares, y lluvia". Fue el oficio de la búsqueda lo que me hizo encontrarte, encontrarme. Fueron las bordes inasibles y las miradas azules para revivir un territorio yerto. Fue la osadía de lanzarme a lo desconocido que hay en mí, que hay en vos. Pero todo finaliza y transfigura.
Mis ojos dibujan horizontes hoy. Paso la mano extendida sobre el cristal para acceder al paisaje real. 
Dependo de mí-misma para salvarme, para declarar una tregua, una caricia reversible. Para abrir este silencio blanco que es el comienzo de todos los comienzos, la respiración dulcísima de lo que se abre paso al mundo y pide nacer.




21 de marzo de 2018. Día 9. Mediodía. Miércoles.
Quisiera que cantes conmigo en la azotea del mundo.

El otoño desliza su mirada precoz sobre el deseo de los que reviven la ciudad que nunca duerme.
Volver a la música. Hubo noche. Hubo penumbra y retorno a la canción de la ternura. Hubo viento a favor bajo la lumbre de la palabra. El último aliento para salvarnos del frío prematuro: Whatever words I say / I will always love you / I will always love you.
Quiero nombrar el amor. Diría "yo soy tu mar" o "deja el equipaje en la ribera" como una música. Enunciaría la querencia en este día y los que restan, con mi mirada recostada suavemente sobre la tuya. Sería pura inmovilidad viva: sedimentación de luz sobre sombra, entrega.
Hoy todo es metáfora. Me hago pequeñísima en esta mañana de paisaje y levedad. Todo parece nuevo y estremece. Lo que ha sido, acumula pero no pesa. Viaja lábil por las grietas de la vereda y la memoria. 
Hoy todo es poesía y día. Vida.




23 de marzo de 2018.
El día 22 se ha disuelto entre lo estático y el movimiento, entre los ojos de obsidiana y el erotismo, entre el instante decisivo y el valor poético. Cuatro mujeres y el concepto de supervivencia. "Lo real es la superposición de las posibilidades", señala un matemático francés mientras observamos con cautela en el cuarto oscuro.
Lo que decanta:
No hay nada más interesante que abrir la boca del mundo.
En el día 23, reaparece Clarice: "Romperé todos los no que existen dentro de mí, me demostraré a mí misma que no hay nada que temer..." Elijo una fotografía que no revela mi rostro pero sí mi color verdadero. El púrpura y el azul se funden para entregar un matiz inventado que signa el animal óptico que habita en mí. Aquel que permanece dormido hasta que (re)aparece la pulsión de la escritura.




24 de marzo de 2018. 
Ese cansancio del cuerpo. Ese agotamiento final al que solo se puede acceder después del baile sin pausa. Ese dolor blando y dulce que paradójicamente nutre los huesos.
Perder la noción del tiempo. Regresar a La Casa mientras la ciudad enjuaga los rastros y restos de la noche anterior. Y el azul, sobre todas las cosas.

*
En la frontera entre el 25 y el 26 de marzo. 
"And when I go away
I know my heart can stay with my love
It's understood
It's in the hands of my love
And my love does it good
Whoa-whoa-whoa-whoa, whoa-whoa-whoa-whoa
My love does it good."
En la ventana la ciudad se mueve. Yo permanezco, como el amor.




27 de marzo de 2018. Casi medianoche. 
Madre siempre aparece en momentos importantes. La llevaré conmigo al mar.




28 de marzo de 2018. Montevideo
La Casa de Chiche. La Casa de las Historias.




29 de marzo de 2018. Día 15. Incomparable luz.
Toda escritura es una ventana.
Juntas nombramos los mares. Juntas imaginamos el amor.




30 de marzo de 2018. Encuentro de Mujeres & Escritura
Yo soy otras.




31 de marzo de 2018. 
"La canción de la luna tiene su tiempo." Hanni Ossott.
Que "amar mi cuerpo" sea más que una frase. Que "amar mi cuerpo" sea una intención... genuina.

*
Declararme génesis de todo lo vivo.
El vértigo me llama, de nuevo.




1 de abril de 2018. 07.57am. 
Hubo un sueño: estaba desnuda, recostada al lado tuyo, y me dabas un beso en la cintura. Entonces entendía lo que era el erotismo.
Hubo un sueño: tu esperma se volvía algo adorado, un cáliz luminoso que saciaba mi sed y me entregaba, también, vida.


*
La música de las mareas


Imagen: captura del diario de Katherine Mansfield

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