Cuando los rostros transforman el paisaje

By Sol Iametti - lunes, abril 09, 2018


"El propósito es el poder de la imaginación."
Agnès Varda


Aportar belleza al mundo. Belleza que conmueve. La belleza de lo que conmociona. Así fue como a través de esta búsqueda de la belleza, y en una de mis expediciones digitales para encontrar inspiración, di con un maravilloso documental de origen francés: 90 minutos de recorrido por los paisajes interiores de la directora de cine Agnès Varda y el fotógrafo/artista urbano JR.

Rostros y Lugares (Visages, villages, 2017) conjuga la mirada poética de la cineasta de 89 años con un artista de 35, cuyo verdadero nombre resulta un misterio hasta la fecha. El proyecto de este “fotógrafo clandestino” junto a la leyenda de la Nouvelle Vague, reúne sus talentos a lo largo de un viaje de ruta que tiene por propósito matizar de belleza y humanidad los páramos de Francia.

A partir de impactantes retratos en blanco y negro seleccionados por ambos, y ampliados a gran escala por JR y su equipo, los muros de cada pueblo constituyen un destino inexorable para una obra vital, que resulta tan conmovedora para sus observadores como para los observados.  La película documenta y conecta historias, transfigurando la fisonomía urbana a través de la cartografía humana de uno de sus modelos transitorios.

“Un suspiro en el mundo”, como escribiría alguna vez Clarice Lispector. Cada retrato da por resultado un espacio luminoso que alumbra pero no obnubila, una belleza universal que produce un paréntesis de contemplación en un mundo que se agita y condiciona.

El arte de contar historias
El arte le da cuerpo a esa belleza: es la belleza atravesada por la humanidad cada vez que intentamos traducir las emociones en narraciones, tonalidades, morfologías.

Es así como los dos artistas entrelazan sus aspiraciones, aplicando la fotografía y el relato como recurso de la memoria emotiva y exponiéndose, a la par de los demás protagonistas, como propios objetos de observación.

“Sabes, nací a la sombra de una estrella. Mi madre, la luna, me dio su frescor. Mi padre, el sol, su calor… Y el universo para vivir. ¿Te das cuenta? Tengo un gran lugar en la vida”, alega Pony, un artista de 76 años, entrevistado por ambos y retratado por JR.


La búsqueda de la belleza
Desde el comienzo de la película vislumbramos pequeños instantes y escenarios que, si bien se anclan en lo cotidiano, logran un deslumbramiento esencial.

Es así como la dirección de arte y la perspectiva de la cineasta traducen las fotografías y el testimonio de tres mujeres, esposas de estibadores portuarios, como tótems que se elevan por sobre un ambiente liderado por hombres. “Me dije: esta vez, ellas tendrán la palabra“, deja deslizar la artista, y concluye: “Listas para instalarse dentro de su propio corazón“. Así, la metáfora cobra un sentido poderoso y expansivo.

La belleza de un pueblo fantasma o de un contexto fabril poblado de historias. La belleza de la última vecina de un pueblo minero. La belleza de las cabras. La belleza de una imagen en ruinas. En definitiva, la belleza del día a día.

Después de Agnès y JR, hablan los muros. Después de Agnès y JR, “abandono” es una palabra que se transforma en melodía.



El mar siempre tiene razón, y el viento", confiesa Agnès mientras contempla las mareas junto a JR, quien solo revela el espectro más hondo de su música interior al quitarse los lentes de sol hacia el final de la película, como regalo para su compañera de viaje.

Sin dudas, este pequeño tesoro me hizo recordar por qué el cine  fue siempre mi verdadero gran amor, ese espacio azul en el que conviven la escritura, la fotografía y el sonido.

Después de esta película, yo también estoy lista para instalarme dentro de mi propio corazón.


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