Vivante

By Sol Iametti - jueves, febrero 22, 2018



20 de febrero de 2018. Martes por la tarde.

Estoy eróticamente viva y no tengo miedo de ser vulnerable.
Mía Pineda


Mujer, aquí nos encontramos. Nuestro viaje de autoexploración encuentra aquí su punto medio. Hay un deseo levísimo y transparente de permitir que la mirada del otro repose sobre mí, como si mi cuerpo tomara forma sólo a través del recorrido perceptual de quien se atreve a esculpirme viva.

Pienso en Anaïs. Recuerdo una frase de su diario III: "qué gran misterio es el deseo". Nos separa el espacio temporal y geográfico. Nos une la exploración de la palabra y el placer intrínseco.

Para aceptarme no sólo ha sido necesario desestimar el juicio externo sino además (y sobre todo) silenciar a la sentencia. Aquella que argumentaba que revelarme eróticamente viva va en contra de las normas. Aquella que sostenía que ser imperturbable garantizaba mi supervivencia.

Fue necesario viajar para llegar a mi niña, viajar para llegar a la joven que descubría la sexualidad, para tomarlas de la mano y hacerles saber que estoy aquí, que no están solas. Fue necesario aprender a ser mi propia madre.

Ahora, y a pesar de que ha sido un largo viaje de regreso, la voz y yo cantamos cada mañana: je suis vivante.

El día se abre, y también nosotras.


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