Ave de paso

By Sol Iametti - domingo, febrero 25, 2018



24 de febrero de 2018. Mediatarde.

Incandescente ciudad. Mirada de pájaro sobre los árboles y los balcones. El sol desliza su índice de fuego agonizante sobre los edificios y una avenida principal, que parece más bien una herida abierta dividiendo el microcentro: de un lado la música; del otro, el resto de la vida, sucediendo.

Es sábado y verano y gracias, dice Nano sobre un escenario que se va tiñiendo de azul; antes de "Aquellas pequeñas cosas" y "Es caprichoso el azar". Luego Elena, su voz y una canción temblando en aire: "Tenía que aceptar / Debí cambiar / Y dejar de vivir en lo gris". Sostuve ese fragmento como un bastión, con una lluvia cachorra desprendiendo de mis ojos mientras ella completaba: "Siempre tras la ventana / Sin lugar bajo el sol / Busqué ser libre." Pronuncié la noche al repetir "Mira mis ojos ver / Cómo lloran de amor". Quizás una despedida, o la totalidad de los mares que aún quedan por nombrar.

Mientras me alejaba por Avenida Cerrito en dirección opuesta al obelisco, "Lucía" iba duplicando su letra sobre los rostros ajenos como un ave de paso hasta anidar en mis labios cantores una frase, una esperanza, un recuerdo: Si alguna vez amé / Si algún día después de amar, amé... Sonreí con la mirada de pájaro puesta, esta vez, en el azul oscuro casi negro de la noche porteña.

Al llegar al centro de la herida de Buenos Aires, y con la cadencia de Serrat cada vez más austera pero arraigada como música de fondo, me detuve a contemplar esta furiosa ciudad que me atraviesa con su belleza inesperada, incandescente, pero jamás inoportuna. "Y así medio bailando, medio volando" recordé a Goyeneche: las tardecitas de Buenos Aires tienen ese... que sé yo.

Escribir es este total de revivir: "Volá conmigo ya. Vení, volá, vení. Queréme así".



Imagen: google.com

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