#THEEDGE: Hasta la Raíz

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De tanto respirar,
se convirtió en un bosque azul.
S.

5 de enero de 2016, 9 pm.

Marguerite ha venido a contarme una historia:  
"En el corazón de París, Place de Grève, el 1 de junio de 1310, las llamas de una hoguera de la Inquisición consumieron el cuerpo vivo de una mujer. Se llamaba Marguerite y había escrito un libro que quiso defender hasta las últimas consecuencias. Una hoguera."

*

Me escribo a mí, mientras aprendo a leerme.
Escribo la noche en movimiento. Escribo porque escribir se ha convertido en talismán. Escribo el vidrio empañado, la sucesión de los árboles, el horizonte de nubes y cielo que confundo con montañas.
Escribo la penumbra, la lágrima salada, la Señorita Miseria, como hace meses atrás (o quizás toda la vida).

*

Un ángel me dijo antes de nacer: "La vida del enamorado del amor puede ser muy solitaria". Esto, en realidad, ha sido una visión del presente. Me ha crecido una pluma con sangre por no bajar al suelo. Me ha nacido un rumor en el pecho y una verdad en la garganta.

*

Las luces de la ruta saben acunarme. Quizás ellas también están enamoradas del amor, por eso andan solas pretendiendo trazar un camino mientras se hacen una con la noche... Sí, esto; además escribo la noche. Escribo la penumbra para aprender a tenerme.

*
Mientras el cielo rugía, tuve una visión de la Luna; tuve una visión de la Luna en el vapor de las nubes de una noche de verano.

*

Amanece.
Y en los colores sutiles de un beso acompasado, el cristal le hace el amor al horizonte. 
Amanece...
En el sexo
En la ventana
En el cuerpo.
Espejo los colores y amanezco para atestiguar la música, el incendio, el amor; 
el amor, por sobre todas las cosas.

*

El corazón de un círculo me ha devuelto a la raíz, las entrañas, la feminitud y la Diosa de la Luna
Paula me ha dicho: Por cada clavo de olor has de escuchar los secretos de las hadas. Pero también elegí el aroma a canela y escribí un perdón para mi padre, después de las manos con perfume a levadura.

*

Al Sur, las hadas me han hablado de pájaros y otoño. Las espinas me escribieron un poema sobre el muslo, entre los bosques y las montañas con polvo de dios.
Digo a mi hermana: Me rodean los búhos y un punto cardinal que emana fuego.
Le pregunto a Clarice por la locura y ella contesta desde la página 79 del corazón salvaje: Renacer siempre.
Entonces, de regreso en Buenos Aires, escribo las señales; escribo a Shakti, la hoguera de "Santa Iglesia de la pequeña" y el dios sin mayúscula; escribo la poesía y la tormenta; escribo el ritmo de los dedos y la mirada de un hombre que se posa sobre el movimiento de los labios: 
Esto también es La Mujer.
De regreso en Buenos Aires digo: Aledaña
Escribo Aledaña... 
Y aún no me he animado a desarmar las maletas.


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