11/12: El nombre propio

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I.
Viene.
La escritura viene a mí como si fuera bocanada, y fuego, y orgasmo.
Hoy podría decir que prefiero carne viva y arder en este infierno de la urgencia con tal de liberarme las palabras.
"Esto es una expulsión necesaria."

II.
Mi hermana ha adoptado un nombre para mí que deriva de la cursilería.
He pasado temporadas negándole el adiós al primer hombre que me ha visto desnuda.
He quemado una carta y las manos me han devuelto huesos hechos trizas.
Y nada de todo lo anterior tiene relación, o carece de sentido, o tal vez ambas.

III.
Me vengo.
Exorcizarme a través de las palabras es mi forma de gestar un mundo dulce de definiciones no convencionales.
Escribir sobre el chico de un ojo verde y el otro a destiempo es liberar un deseo al universo:
quiero poder decir su nombre sin saltarme un latido.
Echar al viento el secreto de una adolescencia a la deriva es ejercer mi propia cremación.

IV.
Los labios en O me recuerdan al verano con los ojos emulando el movimiento.
He creado un nombre para él: Enero.
Y para él también: Pacífico.
Un mundo, una cremación, y mi propio diccionario.

V.
Búscame donde los ríos, y la tierra, y los vientos que dan contra la cara;
donde el sol, y la noche, y la ruleta rusa del día después;
donde el cúmulo de todas las ciudades.
Me lo he inventado todo...
En realidad, ya me he ido.



Imagen: Pinterest

***

Este es el ante-último capítulo de 12. 12 Mandamientos. 12 extracciones de sangre. 12 respiraciones boca a boca. 12 poemas, o no, 12 textos que buscarán su propia forma y la encontrarán en tus ojos. 
Hasta el último y próximo capítulo,
S.

2 comentarios:

  1. Las mejores cosas están del otro lado del miedo.

    (Porque lo que más tememos es cambiar -¿dónde están las referencias cuando algo cambia, cómo hacer para controlar lo que ya no es lo mismo, será mejor, será peor, podré vivir conmigo cuando algo cambie? lo que más tememos es la incertidumbre que lleva el cambio- y toda cosa nueva y maravillosa siempre es producto de un cambio).

    Saltar al vacío no es fácil. Moverse de lugar y ver qué pasa, tampoco. Abrir la boca y decir (admitir lo que tememos, pronunciar en voz alta lo que nos mata de a poco), menos. Pero me dijeron que vale el miedo. Así que vamos muchacha.

    (No sé si te digo a vos o a mí. Un poquito a cada una, capaz)

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    Respuestas
    1. cómo dije en el post anterior, me encanta saber que estás del otro lado, y que te nacen las mismas inquietudes.
      "Toda cosa nueva y maravillosa siempre es producto de un cambio" ya lo creo.
      Beso enorme :)

      Eliminar

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