13 de septiembre de 2017, París.
Vuelvo a alimentarme del seno de la palabra.

Leo a Juarroz en la medianoche de París:
"El oficio de la palabra,
más allá de la pequeña miseria
y la pequeña ternura de designar esto o aquello,
es un acto de amor: crear presencia."

Y de alguna manera comienzo un diálogo:
La poesía de la presencia es un acto de amor sobre sí-mismo: se repliega hasta hacerse pequeño y revelar lo endiosado de cada aspecto cotidiano.

Sigue Juarroz: 
"El oficio de la palabra
es la posibilidad de que el mundo diga al mundo,
la posibilidad de que el mundo diga al hombre."

Sí: La palabra para nombrar el mundo, pero no para encapsularlo sino para abrir una ventana, pasando de lo pequeño a la geografía absoluta de las cosas y los cuerpos y ese algo inasible que pendula entre nosotros.

Juarroz, de nuevo:
"La palabra: ese cuerpo hacia todo.
La palabra: esos ojos abiertos."
La mirada poética, es decir, la presencia del pequeño dios. De lo íntimo a lo grandioso, y viceversa.

Simone Weil se suma a nuestro diálogo tan solo unos minutos después:
"La verdad es el esplendor de la realidad. El objeto del amor no es la verdad, sino la realidad. Desear la verdad es desear un contacto con una realidad, es amarla."

Respondo: ¿Será entonces que desear la palabra es desear un contacto con la realidad? ¿Desear la verdad es amar la presencia?

Simone:
"En lugar de hablar de amor a la verdad, sería mejor hablar de un espíritu de veracidad en el amor. (...) Toda otra expectativa de amor desea sobre todo satisfacciones, y por ello es un principio de error y de mentira. Es el espíritu santo. La palabra griega que traducimos por espíritu significa literalmente soplo ígneo, soplo (aliento) mezclado con fuego, y designaba en la antigüedad, la noción que la ciencia designa hoy con la palabra energía. Lo que traducimos por “espíritu de veracidad” significa la energía de la verdad, la verdad como fuerza agente."

Entonces, quizás...
El espíritu de la palabra para acercarnos a la posibilidad de que el mundo diga al mundo,
La palabra como fuerza agente,
La verdad como esos ojos abiertos,
La mirada poética como esa pequeña ternura, como ese soplo ígneo que crea presencia, como ese acto de amor hacia la realidad.

Contesta Leila, con delay, cerca de las 4 de la tarde, y lluvia:
"Yo siempre estaré buscando, como un tigre cebado, como un lobo en la noche, los rastros de esa fe, las huellas de ese estremecimiento. (...) Y esa fe y ese estremecimiento, son todo lo que tengo para decir."




20 de abril de 2017.
Rastro de existencia.

“Toda escritura es un intento de lectura, un buscar el tono y la respiración adecuados para narrar cada acontecer, imaginario o no. Es una invitación para el encuentro. Para el encuentro fortuito con el deseo.”
—Luisa Valenzuela, Entrecruzamientos.

*

La palabra es el cuerpo de aquello que habita el aire vital, un intento de asir el color de las cosas; el silbido de lo que está a punto de dejar de suceder. La palabra es, también, la canción de lo que ya ha perecido.
En ocasiones, la escritura ha sido mi forma de mantener tibios los cuerpos de los que ya no están. Ha sido un intento de documentar aquello que, en primera instancia, pareciera inefable.
Cuando la palabra aparece se hace evidente mi tendencia de asignarle un nombre a lo que me rodea, a lo que me atraviesa, aun sabiendo que su capacidad de ser excederá ese nombre.

*

Escribir recorriendo el silencio, aún si escribiendo decido romperlo.
Escribir: una forma de asomarse sobre el margen; acantilado hacia lo que pudo haber sido.
Escribir para descifrar el lenguaje subterráneo y existencial, el alma de todo lo que ha sido creado, la profecía de lo que será.
Escribir desde la memoria líquida, desde la más honda nostalgia; desde el vértigo, la caída libre y el vacío espacial; desde el romper de las olas del recuerdo.
Escribir para desnudar, para trazar un puente hacia uno mismo, es decir, para llegar a destino.
Escribir para alquimizar, para interpretar la belleza colateral de la noche más oscura.
Escribir para describir lo excelso, aquello que excede las fronteras del cuerpo.
Escribir para construir la casa de los días.

*

Por momentos la escritura repta como el calor del otoño o las hojas que se niegan al desgarro, como aquello que no quiere abandonarme pero sé que es necesario que libere.
Palabra: pájaro encendido, alba, faro, temblor; exhalación de los huesos derramada sobre el mundo.
Escribía Luisa Valenzuela en su texto “Peligrosas palabras”:
“Dicen que la literatura femenina está hecha de preguntas.
Digo que la literatura femenina, por ende, es mucho más realista que la otra.
Preguntas, incertidumbres, búsquedas, contradicciones.
Dicen que la literatura femenina está hecha de fragmentos.
Repito que es cuestión de realismo.
Está hecha de desgarramientos; jirones de la propia piel que quedan adheridos a alguna hoja no siempre leída o legible.”

Y al leerla con la escritura pasando por su cuerpo, atraviesa el mío.
Cuando empato con el universo íntimo de otros, deviene la escritura invisible.
Así, Anaïs Nin, Clarice Lispector, Alejandra Pizarnik, Luisa Valenzuela y Leila Guerriero. Así, su lenguaje, el desdoblamiento de la voz, el espejo, la latencia de lo que pude/podría haber escrito. Encontrarse en el otro para revelar la transparencia, quiero decir, un pájaro azul que se abre espacio como criatura del viento.
La escritura se convierte, entonces, en la búsqueda de llenar el espacio que va de mí-misma hacia el resto del mundo. La escritura como búsqueda del calor. Coraje, diría Anaïs; despertar, escribiría Alejandra.
La escritura como boca viva, respiración profunda; lava que asciende desde la entraña y se libera furiosa contra la máscara.
La escritura como incineración propia, cuando ya no queda nada por quemar. La escritura como transmutación, fuego sagrado que trasciende:
“Abandonaré el mundo con una sonrisa, como mi madre. “My words will outlive me.” Seré cenizas, pero mis palabras seguirán vagando por el mundo.” —escribía en el otoño de 2015.

La escritura como bocanada de oxígeno:
Aún si cayéramos estrepitosamente en las profundidades del mar, volveríamos con corales en los labios.

*

Hace unos días escribía en mi diario desde el corazón de mi país: “Las cosas que cautivan sólo puedo asirlas a través de los poros, como si necesitara pasarlas por el cuerpo.”
En el momento exacto en el que la vida sucede, mi cuerpo entra en un estado de devoción que obnubila mis capacidades motrices. Sólo después de la experiencia física soy capaz traducir —o intentar traducir— la sensación a través de la escritura.

*

Algo ha cambiado en los últimos meses: habito la reverberación del instante. Sólo después de acariciar lo innominado aparece la escritura como registro de que yo también estuve aquí, VIVA.
Entonces, vuelve el intento:
Escribir como poesía de los sentidos.
Escribir como niebla que se despega de los labios y estalla sobre los cristales de invierno.
Escribir como rastro de existencia.



*
Texto publicado originalmente en la sección "Ellas escriben" del hogar de escritura MAITENA CAIMÁN
Imagen: De la obra "El mapa tras cada borde", vía www.nodetenerse.com

Día 6. 

... Quiero decir, yo también escribo la música de las cosas que guardo porque sí,
como el café perfumando la casa,
como París, Barcelona y Buenos Aires,
como el azul y el refugio,
como el tiempo condicional,
como vos y él y yo y nosotros.

*

Escribo el amor con el cuerpo, reemplazando melodías por palabras cautivas. Entonces: 
salvaje rojo clavícula sexo semen jadeo pasión muerte

*

Interpreto señales, pronunciando un Aleluya con las manos arcillosas de incertidumbre y de miedo, de sed y de amor; fulgurante como el fuego místico y violeta de Nemetona, 
En el extremo de mí,
En el extremo del todo,
En el extremo 
De mis propias po-si-bi-li-dades.

Luisa Valenzuela tenía razón: Peligrosas palabras. 
Palabras rojas.
Escribo: ¿para qué fueron creadas si no podemos dotarlas de voz?

*

Mamá dijo: manzana en la mano de Adán. Pero nunca habló del peso del hombre sobre el sexo ni mencionó el Capítulo 5 ó 7 de Rayuela. Tampoco habló de la libertad del cuerpo femenino, la delicadeza del algodón sobre las curvas que me hacen mujer, o la soltura en el cuerpo que sentí el día de hoy.

*

Cierro los ojos. Doy gracias a mi madre y a la madre de mi madre. 
Limpieza y purificación. Oración lunar.

Mamá no dijo que habrían días como éstos: de escuchar a Damien pronunciar un Aleluya como un rasgo vital, de sentir las libertades de mi cuerpo, de entregarme a esta súbita necesidad de abrirme de piernas al mundo.
Decir "hija" fue su forma de amor.

*

Escribir con el cuerpo* es abrirme, extrema, silvestre, fiel a mi naturaleza.
Le digo a mi madre: hay exploraciones que sólo yo puedo llevar a cabo.
Atravesar los miedos es atravesar el amor.

*

Diario rojo
Poesía de los días sin nombre
Lenguaje silvestre
Impulso de la naturaleza que se hace realidad. 
/ A B R E / 





Día 5.
Te llevo aquí.

1.
7.50 am. — Augurio diáfano.

Visualicé el número 7 antes de abrir los ojos. Abrí los ojos antes de que vibrara la alarma.

Oración:
/ Murmullo de lo que está por venir, dame esperanza.


2.
Me dejo llevar por el hilo dorado de encontrarle significado a las cosas:
Busco la simbología del número 7. "Desde la antigüedad, este dígito encerró un halo de misterio. (...) Es el dispensador de la vida y fuente de todos los cambios", dice una nota de tres veranos atrás.

Detrás de cada palabra se esconde un secreto. 

/ Misterio de lo que está por venir, dame esperanza.


3.
Musicalidad de los días sin nombre.

Dotar de música al aire meridional de febrero. Costumbre dulce.
Número 7: El presagio que guardamos y sólo se revela cuando leemos el silencio. 

/ Palabra de lo que está por venir, dame templanza.


4.
Tomás le escribe una canción a todas esas cosas que guardamos porque sí.

Dotar de color a la música. Dotar de esperanza a la palabra que esconde, al misterio, al secreto.

Canta: "Llevarás las llaves de los años; las cosas que por algo guardamos, siempre nos buscan para decirnos algo". 

/ Poesía de lo que está por venir, dame alabanza.


5.
Guardo mapas, cuadernos, tickets aéreos y señales de amor. Guardo palabras. Guardo cosas porque sí: Hilo dorado.

Dotar de palabras a la música de los días sin nombre, es decir, entreverar los secretos. 

/ Música de lo que está por venir, dame tu danza.

Guardo canciones.


Las llevo / Te llevo / Nos llevo aquí.





Día 4.
¿Cómo traducir la melodía del viento o la tonalidad del cielo?

Desperté con los vestigios de un sueño entre los brazos, sosteniéndolo como un niño pequeño que acababa de rescatar del mar. El sueño hizo sus mejores intentos por aferrarse a la vida pero se me fue de los brazos, de la memoria. 
Sólo recuerdo que en el sueño buscaba una llave. 

*

Ya en el cuarto de baño, refresco mi cara y se abren mis sentidos. 
Ritual: crema humectante, esencia de rosas. El viento sopla como un idioma pagano. Miro por la ventana y el cielo parece gris. Cierro los ojos y expando la crema a través de mis pómulos pasando luego, con extrema delicadeza, por el tercer ojo. 
Vuelvo a mirar el cielo y pienso en París. Los días nublados siempre recuerdo a París, no como un niño etéreo que viene del mar, sino contundente, como un hombre que aparece por la espalda escribiéndome un poema en los omóplatos, posando su mentón en el ángulo entre mi hombro y mi cuello y entregándome un suspiro.

*

Domingo de octubre de 2014. Llovizna en París. Estoy en el ático de Shakespeare & Co. con mi hermana y otras doce mujeres. Escuchamos a una escritora galesa -de unos 60 años de edad- recitar poemas de Walt Whitman.
Desde entonces, los días grises de lluvia me recuerdan a ese instante en el que el margen entre sueño y realidad se hizo difuso.

*

Domingo 5 de febrero, 3 años después. Suena Nick Drake. Escucho el viento ingresar por la ventana como una música encriptada.
Escribo.
Cierro los ojos para marcar un silencio a mitad de partitura. Recuerso a S. decir: los silencios también se leen.
Sonrío.
Abro los ojos.

*

Los silencios también se leen, cualquier día, desde cualquier lugar.
Fresas. Fresas. Fresas.
¿Cómo se retrata el alma del viento?
Febrero.
Día gris de "Pink Moon" y esencia de rosas.
Sigo con vida.
"Je suis vivante".



Día 3.

Hace una hora Lisandro cantaba: "Mis alas enlazaban rutas".
Esto fue antes de la foto, pero después de haber dejado la Torre Eiffel de mi llavero sobre la mesa que late en el patio de La Casa.

Salí sin saber qué foto tomaría para el tercer día. Entonces al volver, mientras nos escribíamos con Marina, me detuve en el detalle.

Antes de tomar esta foto el sol se posaba de lleno sobre ella, haciendo que su metal adquiriera otra tonalidad. ¿Cobriza, quizás?
No lo sé, pero mira qué hermosa se ve; qué hermoso que es detenerse en los detalles.

La historia ya estaba ahí, latente, antes de que yo la congeláse en una foto, o en palabras (que a veces es lo mismo). Me ha llevado tiempo entender que, así como dicen que algunos se calzan los cristales rosas para interpretar el mundo, yo siempre abrazo la mirada de la poesía antes de levantar vuelo...
O dar el salto
O sollozar 
O conmoverme...
Porque, ¿qué es la poesía, sino otra forma de amar?




Día 2.

"El futuro es oscuro, no como algo malo, sólo oscuro; no lo puedes ver. Y, tal vez, vivir es sólo iluminar lo que necesitas en un día" —decía un personaje ayer por la noche.

Doy forma a la incertidumbre y la inquietud de los últimos días con las manos arcillosas; activa, dedicándole tiempo a mirarme a los ojos, a percibir lo que el nuevo día viene a mostrarme. "Je suis vivante, je suis vivante, je suis vivante". Salgo de casa con un diario azul, la intemperie y el invierno en el bolso.

¿Cómo describiría el silencio de hoy? Fresas; fresas que se deshacen en la boca, con los ojos cerrados y el rostro a contra viento.

Salgo de la casa.
Silencio propio.
Fresas.
Música azul: "Un compás de luz, el faro dibujó en el mar".
Sonrío.
Pienso en amor.
Fresas. Fresas. Fresas.
"La espuma se convierte en sal", sigue cantando Cerati.
Me entrego a la poesía.

Recuerdo: "Sólo iluminar lo que necesitas en un día".
Me detengo a tomar esta fotografía.
Termina la canción.
Me siento cerca.
Vuelvo a pasar por el amor.



Día 1.

1.
En los últimos días la escritura ha sido el suspiro profundo; un silencio rojo, una bulería profética de amor. La mano en el sexo, el autodescubrimiento de un lenguaje extremo, quiero decir, de un lenguaje que me vuelve a llevar al extremo de mí misma.

2.
Le crece luz a la luna. El fuego de Aries la envuelve entre sus manos para darle/darme el impulso necesario para ser.

3.
Me invade una sensibilidad extrema. Me conmueven los placeres simples: las notas de música, el temperamento del cielo, el sabor de la fruta, la crema en la piel. 
Siento algo más, la confirmación de que sigo con vida. "Je suis vivante" decía una protagonista el sábado a la noche. Desde entonces, todas las mañanas me repito: Je suis vivante, je suis vivante, je suis vivante.
Estoy viva, y es mi sensibilidad lo que me enlaza con los mundos sutiles.

4.
Manifestación diáfana. Imagen que aparece cuando cierro los ojos. Las manos en el cuerpo y la boca llena de pájaros. Estremecimiento del corazón que busca. Presencia, sombra espectral del amor. 
Música que suena desde la otra habitación.

5. 
Jueves. Suena "Y sin embargo" y comienzo a sollozar sacudida por la voz de la mujer y los versos del poeta. 
No es tristeza, es deslumbramiento. 
La música me atraviesa.
Lloro desde el hueso.
"Je suis vivante" —no lo digo, no lo escribo: 
Lo manifiesto con el cuerpo.
Estoy viva.

*


07 de noviembre de 2016. 
Wait in the fire. 

Suena Jeff, al igual que en otros días nublados. El cuerpo sufre el espasmo embriagador de la escritura, que en este caso se disipa de los hombros hasta el hueso, certero y fugaz hasta la punta de los dedos. Quema, a veces la escritura quema. 

Índice-medio-anular, en repetición, como un jadeo, como esos besos que nacen y nos (de)vuelven a la vida, como la mirada de un hombre y una mujer que entienden todo sin decir nada. 
Índice-medio-anular; difícilmente los pulgares. Nunca fui buena para seguir las reglas de mecanografía como lo hacía mi madre. Tampoco para escribir haikus, entrenar para una maratón o recordar en dónde están mis cosas. Siempre olvido un poco, recuerdo un poco, me pierdo un poco... de todo. 

Nunca fui buena para reducir mis ganas de escuchar una misma canción, o para acotar mi dosis de café (y quizás la cafeína tenga que ver con el espasmo). Quema, escribir quema y a veces no lo veo venir. Viene, tempestuoso, sin permiso. Viene y acorrala y seduce; aplica la fuerza inexorable del amante, el anhelo de lo que está por llegar y se hace sentir por debajo de la piel. "Wait in the fire"... El fuego. ¿En qué se transformaría la escritura si no la dejara salir? Quiero decir, ¿de qué forma estallarían mis átomos si no fuera a través de la escritura? 

Mente-cuerpo-corazón. La escritura, el fuego, la música del tiempo, mis ojos café, el fervor de los días sin nombre. Nunca fui buena para escribir haikus o para llorar cuando estoy acompañada. 
Mezclo palabras en inglés y castellano porque mi lengua elige por sí sola lo que le sienta mejor, dejándose llevar por el erotismo de la pronunciación. "My kingdom for a kiss". "Mi reino por un beso" canta Jeff, entre acordes salvajes. Encanto gris, fuego, escritura, y fuego de nuevo. Ojos cerrados y tacto fantasma: Índice-medio-anular Índice-medio-anular Índice-medio-anular.

Rostro desconocido del amor, presagio. "Lover, lover, lover". Fuego que viene, que llega, que se hace desear: "Grace". 

Beatitud de expresar el deseo, de conocerme.

La belleza de la transformación.

Nunca fui buena para escribir haikus. . .




Imagen: Pinterest

03 de noviembre de 2016.
Intimidad natural.

El verano comienza a derramarse sobre Buenos Aires. 
Vuelvo a escribir en inglés. 
¿Qué se supone que tengo que hacer con esta extraña adrenalina que recorre mi cuerpo, ahora, ahora mismo mientras recuerdo las líneas que escribí ayer por la noche?
La voz lejana, la voz del alma, contesta: silencio.

Noviembre: mes de los mares, mes de la vida y la muerte. 
Primavera que se va antes de siquiera haber llegado. Verano que viene a encontrarme. Invierno en suspenso que llama desde una ciudad desconocida.
Extraña adrenalina que acaricia mi piel, ahora, en este mismo momento en el que escribo.

En los últimos días me ha sido difícil detenerme a escribir. Escribo de a ratos, "bit by bit by bit". Me pierdo en la contemplación como quien se deja conmover por las suaves, arrulladoras y gentiles olas del mar.
Sentir amor por lo que soy en el momento, por lo que estoy siendo.
Mi mente dice: ¿sentir amor por lo que eres?... Por favor, no seas soberbia.
La voz del alma contesta: Sí, sentir amor por el desorden y el deseo, por la pasión y la poesía; sentir amor por el inglés, el español y el desorden de idiomas; por la extraña adrenalina que recorre nuestro cuerpo, por nosotras. 
Sentir amor por lo que somos hoy.

Noviembre: afinación de mente, alma y corazón; mes de finales y principios, de luz y de sombra, de integración.
Aguamarina que antecede al azul de las profundidades del mar. 
¿Qué se supone que debo hacer en Nueva York?
La voz del alma contesta: suelta el deber-ser y V I V E.

Un libro me dice desde su página 203: "Soy tu sino o el yo objetivo. Cuando aparezco te redimo de los azares sin significado de la vida".
Contemplación de la voz: Ya no estamos lejos. 
Esto es la voz: mi intimidad natural, el hilo rojo que se extiende de la mente al corazón; la escritura que sahuma, el amor que purifica el pasado y me prepara para una nueva etapa.

¿Cuánto tardará la nieve en disolverse en las manos?
Decimos: Todo el tiempo del mundo, nada de tiempo; ningún tiempo. El no-tiempo también es amor, aunque la mente aún no pueda concebirlo.
Noviembre: me hago una con la mujer de la voz. El diario azul está próximo a nacer. La ciudad desconocida se hace un poco hace más real. 
La voz dice/decimos: "embrace".
Sí, abrazar los procesos, abrazar todo lo que me trajo hasta aquí, hasta este momento en el que sigo aprendiendo a ser mi propia madre, a con-tenerme, a aceptarme como soy, a aprehender que hago lo que puedo con lo que tengo y lo que sé.

Embrace myself: abrazar el «sí-mismo»*.




Ilustración: Henn Kim
*Concepto que figura en el libro "El hombre y sus símbolos, Carl G. Jung".
Luis de Caralt Editor, S.A.

Buscar este blog

ENCUENTRA TU INSPIRACIÓN:

Facebook Twitter Google + Tumblr Instagram Youtube

SUSCRIBITE VÍA MAIL:

No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo.
Walt Whitman
Licencia de Creative Commons
Todas mis palabras by Sol Iametti is licensed under a Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en www.todasmispalabras.com.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en soliametti.wordpress.com